viernes, 7 de diciembre de 2012

Luces

     ¿Luces? ¿Qué son las luces? Desde pequeño nos introducen en el cerebro los conceptos de luz y oscuridad. Muchos niños, de hecho, tienen miedo a la oscuridad. Decidme, ¿a cuántos niños conocéis que tengan miedo de la luz? ¿cuántos infantes se ponen a gritar de miedo al ver la luz del Sol? 

     Pocos. Lo cierto es que pocos. Todos sentimos más miedo de noche que de día. Todos pensamos que de día las cosas irán mejor, que bajo la luz del Sol estamos a salvo. Todos queremos salir del túnel cuanto antes, ¿no? ¿Cuántos de vosotros, de pequeños y no tan pequeños, os habéis encendido una luz para dormir? ¿Cuántos entráis de noche en casa -cuando os quedáis solos- con cuidado? En este mismo supuesto, ¿cuántos prestáis como 100 veces más atención a los pequeños ruidos de tuberías, vecinos, viento...? 

     Todos asociamos la oscuridad -o ausencia de luz- a la soledad y a la muerte. A la fragilidad, vulnerabilidad, debilidad. Mi pregunta es, ¿por qué? 

      ¿Acaso es mejor estar acompañado de alguien indeseado a estar tranquilo -y sí, solo- en casa de noche?

      ¿Acaso no hay gente que muere de día? ¡Claro que la hay! ¿Por qué tenemos tanto miedo de la muerte (y de los muertos)? ¿Acaso no son los vivos los que nos dañan, insultan, menosprecian o agreden? ¿Tener miedo de los muertos? Entonces, ¿cómo deberíamos sentirnos ante los vivos? 

      ¿Somos más frágiles o vulnerables de noche? ¿Somos más débiles? ¿En serio? No. No somos nada de eso. Nos lo metieron en la cabeza desde pequeños. La luz es buena y la oscuridad es mala. ¿Por qué? ¿Acaso no podemos disfrutar de ambas? ¿No puede haber un equilibrio entre ambas? 

      A veces, nos vemos obligados a entrar en un túnel. La vida es así. No siempre hay luz, no siempre hay salvación. No siempre somos fuertes y no siempre estamos bien. Estamos obligados a atravesar túneles y, ¿sabéis? Al salir del túnel no siempre hay luz. A veces has estado un poco más de tiempo, y no hay luz. No. A veces sales y es de noche. ¿Entonces qué? ¿Has fracasado? ¿Has perdido? ¿Has de tener miedo? 

     No. De ninguna forma. Si es de noche, disfruta de la noche. O no. Es igual. Vívela, no la analices. Vive la oscuridad, intenta disfrutarla, y no la temas. En unas horas, ya será de día. 


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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Discusión Matrimonial.

       Esta es la discusión entre Duda y Razón: un matrimonio peculiar del que se puede aprender mucho si se aprende a escuchar. 


- ¿Sabes? Últimamente tengo demasiadas dudas. 

- ¿Y eso? A ver, cuéntame, que esto va para largo...que te conozco. 

- No, no sé. Le doy vueltas a muchos temas. A muchos campos de mi vida. Que si pasa esto aquí, que si mira éste cómo se porta ahora, que si mira qué miedo tengo de esto, que si religión, que si el nuevo año...Y eso, que últimamente tengo demasiadas dudas. 

- Mira que te gusta darle vueltas a esa cabecita loca, ¿eh? 

- Ni me gusta, ni me deja de gustar...simplemente lo hago. 

Un largo silencio. 

- ¿Qué me pasa, Razon? Yo antes era como tú. ¿Cómo he llegado aquí?

- ¿Qué te hace pensar que te pasa algo? 

- No sé...antes me reía más. Sonreía mucho más. Y lo hacía porque me salía, y me salía de verdad. Sonreía. Y, ¿sabes que hacía también? Hablaba. Decía todo lo que hablaba, y aunque ahora todo lo que digo, lo digo hablando, cuando hablo parece que no digo nada. ¿me entiendes? 

- Mmmm, no. A ver, intenta explicarte mejor. 

- No sé...a veces como que digo cosas que en el momento me salen, y luego pienso: ''¿por qué he dicho esto? menuda tontería...''. Sin embargo, como he dicho, me salen. Que me salgan indica que lo hago de forma espontánea, pero...yo no soy así...¿a que no? Yo antes todo lo que decía lo decía desde el corazón, no desde el qué dirán...

- ¿EL QUÉ DIRÁN? ¿CUÁNDO NOS HA IMPORTADO EL QUÉ DIRÁN? 

- Nunca. No, no, y ahora tampoco. Pero a veces las caras que ponen...no sabes qué dolor. Aunque ya no sé si me duelen más sus caras, o las que me pongo yo por ser lo que no soy. 

- ¿Y no crees que estás exagerando? 

- ¡Joder! ¡Pues claro! ¡Como siempre! Pero ese no es el tema ahora. Ahora quiero consejos. Y buenos, por favor. 

- Podrías rendirte, y podrías empezar otra vez a fumar, eso antes te ayudaba mucho, ¿recuerdas? O...

- ¿O...? 

- Podrías simplemente ser tú otra vez. Verás...mi opinión es que atraviesas una época de esas malas, en las que se acumulan pequeñas cosas. Pequeñas, sí. Pero que cuando las juntas, ''sálvese quien pueda''. 

- Continua. 

- Ahora estas con los problemas de aquí, con Nombres que se repiten - quizás demasiado - y con un nuevo año. Y, ¿cómo dijimos que se llamaba todo esto? Vamos...lo dijimos en septiembre del año pasado. ¿Te acuerdas? 

- Claro. Lo llamamos ''cambio''. 

- Eso es. Y dime: ¿no es cierto que al cabo de un tiempo, las cosas se estabilizan y tú estás mejor? ¿no lo es? 

- Sí, lo es. Lo recuerdo bien. 

- Eso. Recuérdalo. Y recuerda el verano. Has pasado un gran verano, has estado con tus amigos. Has reído, has bailado, has ligado, incluso has llorado, que a ti no te viene mal. 

- Es verdad. Todo es verdad. Pero también es verdad que últimamente tengo demasiadas dudas. Entonces...ser el de antes está bien, ¿no? 

- Pero...¿acaso te lo cuestionas? A ver: ¿podrías afirmar que haya...hm...5 personas que te conozcan bien, bien? ¿O tal vez 10? 

- Sí. 

- Y, ¿crees que a esas personas les importas? ¿Que te quieren? ¿Que cuestionarían tu bella y sincera forma de ser? 

- No la cuestionarían, no. De hecho, el idiota soy yo, por haber estado cuestionándola. 

- ¡AH! Eso suena mucho más a ti.

- O sea, que lo que me pasa es que creo que me pasa algo, y entonces entro en un círculo de malestar por no averiguar lo que me pasa, porque, además, como no me pasa nada, no hay nada que averiguar, y no tengo con qué concluir mi malestar. Es eso, ¿no? Pero eso no explica mi cambio de actitud. 

- Tu cambio de actitud es algo negativo, ¿o no? 

- Yo creo que sí, pues me está haciendo daño...¿es que tú no? 

- Sí, sí. Lo que te perjudique a ti me perjudica a mí, ya lo sabes. Pero tengo que preguntarlo, entiéndeme. 

- Y, entonces, ¿qué puedo hacer? ¿Retroceder? 

- No. Sabes que hacia atrás no se puede ir nunca. Nunca. Siempre hacia delante. Si quieres puedes girar la cabeza hacia atrás a ver si rescatas algo que necesites, pero los pies siempre mirando al frente. Si sigues este consejo, en poco tiempo volverás a ser espontáneo, risueño y carismático. Podría criticarte, pero es la personalidad que te formaste, y pareces feliz así. 

- Lo soy...o lo era, no sé. Seguiré tu consejo. Muchas gracias, Razón. Siempre es un placer hablar contigo. 

- Sé tú mismo, que vales mucho. Que nadie te diga nunca lo contrario, y, si lo hace, que nadie te convenza de que es verdad. 

- Gracias. 

Como podéis ver, a veces necesito hablar con dos sentimientos míos - propios- que estén en conflicto. Al final saco una conclusión más serena de lo que lo haría yo solito, que constituiría la mezcla de los dos. Separarlos, pues, supone analizar cada situación y comprobar que ''no es para tanto''. En días como hoy, supone un alivio. 

A vosotros a lo mejor no os sirve de nada, incluso podréis pensar que esto no tiene ningún sentido. En cualquier caso, espero que os tenga entretenidos un rato, que eso siempre es bueno. 

Un beso a todos. 

miércoles, 27 de junio de 2012

The Little Pianist

     Yo era un niño. ¿Qué tenía...4 años? ¿5? Todas las semanas mi hermana daba clases de piano, y todas las semanas yo me quedaba fascinado.
   
     ''Te subías a la banqueta y te ponías a golpear el teclado. ¡Qué mal lo hacías! xD'' - me decía mi madre siempre.

    Un día, decidió que yo también empezaría a dar clases, y le dijo a la profesora que viniese una hora a la semana - los miércoles, creo recordar - a enseñarme.

     Se llama Elizabeth, una mujer de origen francés, siempre perfectamente vestida y aseada. La más absoluta definición de elegancia, serenidad y saber estar. Una maravilla de profesora.

     Me senté ante el piano, nervioso, y ella me dijo: ''Busca un Do''. No tenía ni idea de lo que me estaba hablando, así que primero me enseñó la escala. En unos meses aprendí ya unas pocas obras, sencillas, y al cabo de un año ya tocaba algo de Beethoven y Mozart. ''Aprendes muy rápido'' - decía. '' Tienes las manos pequeñas, pero se llevan bien con el teclado. Podrías llegar más lejos, ¿has pensado en apuntarte a dar clases de modo oficial y sacarte el título?''. 


     Ni me lo había planteado. Me gustaba que viniera cada semana y me gustaba como me enseñaba. Yo elegía las piezas que quería y aprendía bien....pero, ¿por qué no? Encontré una escuela homologada al conservatorio de Tetuán, la escuela Allegro para grado Elemental y Medio (hoy, Profesional, por los cambios en Educación Musical).

     Al principio estaba amargadísimo. Cada año tenía que preparar un programa con obras que no me gustaban, y los profesores eran estrictos e incluso crueles: ''Pero, ¿tú te ves? Estás tirando el dinero, chico, aquí no tienes futuro alguno. Mira, mira cómo toca este otro chico. Así es como debes tocar. Mal. Lo haces muy mal''. Gracias a la naturaleza y al apoyo familiar, fui lo bastante terco como para no rendirme. Así, fui superando año tras año - con mejores y peores notas - lo que se me exigía.

     Y así, tocó hacer el examen de Pase de Grado Elemental a Grado Medio. Nos prepararon bien. Vinieron 4 profesores del Conservatorio y nos examinaron de las correspondientes materias: Ritmo, Entonación, Dictado - a dos voces -, Teoría de la Música e Instrumento. Mi nota final fue un 7. Lo recuerdo perfectamente. Nuestra profesora de todo el Solfeo en general, una canaria de un humor muy negro, me decía todas las semanas: ''Sinceramente, dudo que apruebes, chico''. Esto es inmaduro, pero no sabéis lo bien que me sentó estamparle en la cara mi Notable 7 y mi acceso al Grado Medio (hoy, insisto, Grado Profesional).

      En el Grado Medio ya cambiaba todo. Se exigía mucho más nivel y las asignaturas ya no eran tan fáciles. La Teoría de la Música era más larga y difícil, y los Dictados y los Ritmos, más complejos. Así, dos años más. En Tercero y Cuarto de Grado Medio ya no se daba solfeo, sino Armonía, una asignatura muy útil en la que aprendes, en términos generales, el por qué y el cómo de las partituras. Las normas de composición básicas por las que una partitura estaba escrita de una determinada manera, y no de otra. El mejor, o así decían nuestros profesores, era Bach.

     Tras los dos años de Armonía y Música de Cámara (tocar a la vez con otro instrumento), empezaron las asignaturas propias de la Modalidad. Yo di, en esos dos años: Acompañamiento, Análisis, Historia de la Música, Estética y Acústica. No olvidemos que, a parte de estas asignaturas teóricas, había un repertorio de piano que preparar.

     Recuerdo la cara de la directora cuando me examinó de 5º GM. Le toqué Asturias (Albéniz), un nocturno de Chopin y la estrella de las piezas, la Sonata Pathetique de Beethoven. Me dijo con recochineo: '' Adelante, adelante. Toca''. No recuerdo haber dado un mejor concierto en mi vida. Mis manos no eran grandes, ni son grandes ahora, pero se deslizaban y fundían con el piano. La madre de otra chica que se examinaba igual que yo, lloró de la emoción y me dio las gracias al acabar. No puedo escribir lo que sentí entonces, pero pensad que fue una sensación increíble. Por supuesto, estaba aprobado.

      Este año ha sido más duro. Tras realizar mi examen de fin de carrera, tal que ayer, estuve esperando hasta que me dieron el resultado: ''Quizás te falte un poco para alcanzar el nivel de un Sexto de Grado Profesional, pero no has hecho el examen tan mal, y consideramos que, debido a tus otros quehaceres, no podrías hacer más. Por tanto, queremos darte la enhorabuena, estás aprobado''. 


      ¿Os imagináis? El fruto de todos estos años, todo lo cosechado, estaba siendo recogido. 4 años en casa y 12 años en academia (hice 5º de GM y 6º en dos años).

       Ha sido un año muy duro. He trabajado mucho, he pasado por muchos cambios, he aprendido cosas nuevas - y no solo a nivel de la Medicina - y he aprendido que quiero aprender más de lo que creía que quería aprender.

     Me llamo David, tengo 21 años y tengo una carrera y media. Y quiero más.

     Un beso a todos.

     ''Para que todos sepan: lo que siembran, cosechan; lo que cosechan, recogen''

sábado, 2 de junio de 2012

La Séptima Nostalgia.

     El siete siempre ha sido, en un porcentaje altísimo de la sociedad, el número por excelencia: el que más gusta y el que más ''suerte'' trae. Aunque, sintiéndolo mucho, no vengo a hablaros del número 7 a estas horas, como habréis podido imaginar...

     Recuerdo perfectamente el día que ocurrió. No la fecha, ni nada. No. Mi memoria funciona muy, muy bien con los sonidos y las imágenes, y no tanto para los nombres, desgraciadamente. Era un día soleado - debíamos de andar a final de curso, 2º E.S.O. - y estábamos, tras las clases, disfrutando de la habitual merienda en el McDonalds. De repente, ella me dijo: ''¿por qué no lo pruebas? De verdad, está genial''. Esa fue mi primera calada...la recuerdo con repugnancia. Tosí y dije: ''puaj, qué asco. Yo esta basura no la vuelvo a probar''. (¡JA!)


     Al día siguiente lo intenté de nuevo. Muy tonto por mi parte, sí. Pero yo era un niño, y además de niño, tenía otros muchos apellidos, como inestable, inseguro, sin autoestima, sin personalidad, débil -emocionalmente- y muy, muy manipulable. No importa, cada uno madura a su ritmo. Ese día le di no una, sino tres caladas. Con la primera me pasó lo mismo: tosí y tosí. ''No te tragas bien el humo'' - me decían. ''Tienes que inspirar fuerte tras dar la calada, ¡lo tienes que notar! Lo decían con tanta admiración, que claro, ¿cómo resistirse? ¡Lo tenía que notar! Entonces le di un par de caladas más, y ahí estaba...como bajar de la Lanzadera, como olvidarte del mundo por un instante, como una inyección de adrenalina. ¡GENIAL!

     Unos días después me compré el primer paquete. Tampoco lo olvidaré jamás. Era Camell.

     Desde entonces, el paquete de cigarrillos me estuvo acompañando a todos los lados: al colegio, a casa, a la piscina, a la playa, de vacaciones, de fiesta, con los chicos - miento, hasta el bachillerato no hubo chicos, eso es posterior - al Vips de Colombia, al Irish, los recreos, los descansos de estudio...a todo los lados.
Puede parecer absurdo, pero aportaba más de lo que yo creía, por entonces...

     Llegó el cambio. Ya no íbamos al colegio y tocó empezar el bachillerato. Mucha gente fumaba, así que no era nada extraño que yo también lo hiciera. Lo cierto es que en primero de Bachillerato lo conseguí dejar del todo, pero en segundo - por razones obvias, y quizás otras no tan obvias para los demás - no pude evitar recaer. Aún me faltaba la capacidad de decisión propia de la edad, el saber decir que NO a tiempo. En segundo ya no fumaba Camell: fumaba un poco de todo, Chester, Lucky (repugnante), Marllboro...en fin, cualquier cosa menos Fortuna (Fortruño por su capacidad de hacer que tengas que ir al baño al instante. No entiendo como la Dra. Colado no los ha mencionado en su tema de Fármacos para el Estreñimiento, porque sus efectos tenían lugar en minutos, y en segundos si se mezclaban con un café. Un amigo decía: ''Café y cigarro, muñeco de barro''. Cómo le echo menos...xD).

     En los veranos me acompañaba a las habitaciones. Después de las comidas, en mi habitación - en mi terracita - con la música puesta (clásica o moderna, daba igual) , no había nada mejor (o al menos eso pensaba yo por entonces). Al final me quedé con Marllboro Light. Era algo más caro que los demás, sí, pero era el que más me gustaba. Los demás me sabían muy fuerte o a demasiado alquitrán. Eran mis momentos del día. Mis minutos de evasión, de reflexión, hasta de diversión. A los que fumáis: ''Qué cigarro se disfruta más que el de después de una comida o de un buen polvo?''

    Los dos primeros años de carrera fueron asombrosos. Todo iba acompañado de un cigarro. Preexamen, postexamen, época de examen, salir (mil cigarros), tomar cañas, quedar con alguien, conducir, en casa -no en el baño- en el parque, en la piscina, en los lugares de veraniego....todo. ¿Aportaba algo? - Os preguntaréis algunos. ''Sí que lo hacía'' - os respondo. Aportaba seguridad ante situaciones difíciles. Por ejemplo, si tenías una primera cita, y no sabías de qué hablar, te metías la mano en el bolsillo, y ea, a disfrutar. También servía -momentaneamente- si habías tenido una discusión, o una pelea. Si sabías fumar bien (''el que bien sabe fumar, no echa el humo al hablar'') podías aprovechar hasta 10-12 minutos de paz. Muchos pensaréis que eso lo puedo encontrar ahora en otras cosas, pero no creáis...está más difícil de lo que parece.

     En fin, son buenos recuerdos, no lo puedo negar...

     Fue en el verano de segundo cuando me empecé a dar cuenta de que a lo mejor ya era algo que me estaba haciendo daño en el cuerpo. Yo - y no es por presumir - siempre he pensado que tengo una sonrisa bonita, sonrisa que, por otro lado, se estaba volviendo demasiado amarilla. También tengo una alta fijación por las manos, y estaba viendo que mis uñas empezaban a amarillearse, y después de fumar es quedaba ese ebriagador olor: en el pelo, en la ropa, en el aliento, en la piel,...en el ambiente, en general.

     Empecé reduciendo. Primero, solo en fiestas. Después, uno o dos a la semana. Estuve así bastante tiempo, hasta que llegué a la que ahora es mi universidad. De hecho, empezó algo antes: al dejarme mi novio -al cual quise mucho, y algo más- decidí cambiarlo todo. Mi cuarto ya no es azul, sino rojo, cambié de sitio las cosas, modifiqué el cuarto de baño...todo, hasta las fotos las retoqué para que fuesen distintas. Ahí decidí que también tenía que dejar de fumar (cuando lo normal, quizás, habría sido darle al humo a base de bien...). Respecto al cambio de mi universidad, la versión fácil es que, gracias a un fantástico cólico biliar que me llevó derechito al quirófano, lo dejé del todo, pero lo cierto es que hay otras razones, razones que muy pocos conocen, y otros pocos intuyen.

   He escrito esta entrada hoy, porque es hoy, y no otro día más que hoy, que hago nada menos que SIETE meses sin fumar. Algunos pensaréis: ''pues qué bien''. Mis padres, hasta no hace mucho, cuando llegaba a casa rodeado de sobresalientes, no había regalo, ni aplausos, si bien había un sencillo ''enhorabuena''. Daban por hecho que era y es mi obligación. Vosotros pensaréis lo mismo, que era hora de dejar de fumar, que 7 meses no es tanto. Pero es más difícil de lo que parece. Yo cuando fumaba dormía bien, los amores los llevaba bien, los estudios y sus nervios los llevaba mejor, y en sociedad me sentía más cómodo. Bueno, cada vez eso va a mejor (lo de la comodidad en sociedad, digo, el resto está en proceso positivo).

     Y nada más. A los que, como yo, lo hayáis intentado dejar mil veces y hayáis vuelto siempre, pensando que es imposible, os animo a que lo sigáis intentando. Algún día, algo - o alguien - os dará una buena y bonita razón para dejarlo, y si no, siempre podéis pensar en los beneficios que tendrá para vuestra salud, vuestro aliento, vuestras uñas, vuestros dientes,...

     ''TODO VICIO SE PUEDE DEJAR ATRÁS: BASTA CON TENER VOLUNTAD. PARA AVANZAR, HAY QUE QUERER AVANZAR''.


     Un beso fuerte a todos.

 
   

 

sábado, 12 de mayo de 2012

Un poquito de Nada.

      A juzgar por lo que veo, creo que me debo disculpar por este abandono. Si bien es cierto que hace mucho que no publico una entrada, no significa que no tenga nada de lo que escribir. Otros amigos y compañeros - que comparten ese gusto por escribir - entenderán que en un blog público y abierto, no se puede hablar de lo que uno quiera. O sí que puede, pero no debe. Ya me entendéis. 

      Lo cierto es que han pasado muchas cosas desde la última vez que me pasé por aquí. Para empezar, ese maravilloso viaje por el Mediterráneo, donde pude disfrutar de comida rica, buena compañía y, sobre todo, de la brisa del Mar (me vais a disculpar el atrevimiento ortográfico, pero si algunas personas tienen derecho a tener un nombre con mayúscula, no veo por qué el Mar iba a ser menos). Tras esto, vuelta a la rutina, con sus más, sus menos y sus tonterías. Nada de lo que necesite escribir. 

     A lo que yo venía. 

     Lo que tiene ir en un coche sin radio y sin ruido - en estos días, ni siquiera el viento -, es que te da tiempo a pensar y reflexionar sobre distintos temas. Eso es lo que me pasó a mí el otro día mientras volvía a casa del cine. 

     ¿Qué nos diferencia de los animales? Mi profesor de Neuroanatomía del año pasado, JLV, siempre nos ponía una foto de un rinoceronte al lado de un hombre, y decía: ''como verán, a un rinoceronte jamás se le ocurriría ir en sandalias, y tampoco se le ocurriría ir con las manos en los bolsillos. Pero, sobre todo, comprenderán que sus cerebros son totalmente distintos''. Es cierto. El ser humano tiene el don - ¿don? - de las funciones cerebrales superiores, como son el lenguaje, los sentimientos, o la mezcla de ambos. 

     Si se os ocurre indagar en algo de psicoterapia, veréis que a los psicólogos les encanta mezclar lenguaje y sentimientos a la hora de hacer su terapia. Una herramienta - si no un mecanismo de defensa - que utiliza el hombre es, tristemente, la racionalización de un sentimiento. 

    Sentimos algo y, al instante, le queremos poner un nombre: miedo, amor, tristeza, alegría, remordimiento, vergüenza, soledad...No siempre es tan fácil, y desde luego siempre es causa de conflicto, pero una vez se ha logrado, queremos controlarlo. Muchos lo logran, logran sentir lo que quieran cuando quieran. Logran vencer el miedo y la pena, logran alegrarse por todo y por nada, logran enamorarse y desenamorarse de la noche a la mañana... Muchos son ya verdaderas rocas o, al menos, muchos lo aparentan. 

     Después empecé un debate interno: ¿hacemos lo correcto? ¿Tanto daño nos ha hecho el mundo para que tengamos que buscarle una definición a todo? ¿Tanta ansia de control tenemos? ¿Somos realmente - como muchos dicen - máquinas? ¿Rocas? ¿Hielo? 

     Si tenéis alguna respuesta, o simplemente tenéis algo que decir u opinar al respecto, me encantaría que comentarais, aquí o en privado. 

     ''Lo bonito de pensar con lo valiente de actuar: espontaneidad'' 

   

viernes, 2 de marzo de 2012

Imaginación

     Una de las grandes diferencias entre los animales y nosotros - muchos, seres humanos - es la capacidad que tenemos para imaginar. Es un don que tenemos y que explotamos día a día, de distinta forma según la edad en la que nos encontremos. 

     Cuando uno es niño, se imagina a sí mismo de mayor - normalmente de bombero para los niños, y de veterinario para las niñas, según algunas encuestas. Es en esta etapa cuando usamos la imaginación de la forma más sana y entretenida de todas. Nos imaginamos mundos nuevos, viajes apasionantes, juegos sin lógica aparente; nos convertimos en magos, policías, princesas, médicos, deportistas, personajes animados...Lo podemos hacer todo, y lo hacemos todo. Solo con imaginárnoslo. ¿A quién le importa la realidad? A mí no, soy un niño. 

     Adolescencia y etapa adulta. Esto es otra cosa. Aquí es cuando acontecen, sin duda, los cambios físicos, hormonales y psicológicos más importantes en la vida de un individuo. Es aquí cuando se determinará la clase de persona que seremos. Por supuesto, los matices van apareciendo con el tiempo, pero lo fundamental ocurre principalmente aquí. Bien, ¿qué ocurre con la imaginación entonces? Que le damos un giro de 180º. 
     
     Ahora la imaginación hace las veces de amigo y de peor enemigo (y muy pocas de íntimo amigo). Ahora somos conscientes y partícipes de una realidad en la que nos vemos obligados a vivir. Ahora la realidad importa. ''Vaya, qué mierda''. Ahora imaginamos las cosas y, justo después, sus consecuencias. La impulsividad desaparece. La magia desaparece. La espontaneidad desaparece. Ahora es el cerebro el que habla y el corazón el que tiene la mordaza. Ahora no son los ojos los que miran, sino la razón la que nos obliga a ver. Nos forzamos - a veces - a no imaginar, a no permitirnos en lujo de salir, aunque sea por un instante, de la realidad. Esto duele, pero tendemos a ''imaginar'' que es lo mejor a corto, medio y largo plazo. 

     No todo es malo, por supuesto. La imaginación también nos enseña y nos ilustra. Nos hace entender situaciones y nos hace ver lo bueno y malo de cada cosa. Nos hace reír y nos hace sentir otras cosas verdaderamente bonitas. Nos muestra lo que queremos ver (y a quien queremos ver) aunque no lo tengamos delante. A algunos - a mí, por ejemplo -  a veces nos da hasta conversación (de esto que dices: ''estoy pensando en alto'').

    ''En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento''
Enviar frase
    Albert Einstein (1879-1955)

  ''El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo'' 
    Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
       
     Un beso a todos.

domingo, 19 de febrero de 2012

La Primera Cita. =).

     Eso que todos pensamos, sentimos y vivimos, hoy, plasmado en un blog. 

     Chico conoce a chico, por ejemplo, en una discoteca. Dos chicos jóvenes, agradables, listos y graciosos se ven por primera vez en una discoteca de la zona. No saben nada el uno del otro, pero por razones - en principio físicas - se dedican una bonita sonrisa. Entonces, uno - el menos tímido de los dos - se acerca al otro y le saluda. Se dan sus nombres y dos besos. Empezamos. 

     ¿Y a ti qué te gusta? ¿Tu color favorito? ¿Te gustan los animales? ¿Te gusta la música? ¡Anda, tocas el piano, qué bonito! ¿Qué estudias? ¿Te gusta el arte? ¿Y el teatro? 

     Evidentemente, esto no es lo normal, claro. Normalmente un chico en una discoteca se acerca, te dice ''hola'', se pone a bailar contigo y un ratito después, si hay alguna atracción, os acabáis besando. Pero este es mi blog, y escribo espontáneamente lo que se me pasa por la cabeza xD. 

     Al final de la noche, se han intercambiado los números, los Tuentis, y esas cosas. Uno - el más tímido y desconfiado - piensa: ''Buah, si no me va a escribir...''. Para su sorpresa, al día siguiente lee en su móvil un sms que, básicamente, decía que lo había pasado muy bien y que quería verle pronto. El chico, desde su cama - y con algo de resaca - suelta esa sonrisita irracional y picarona que te sale esas veces que algo te hace mucha ilusión. 

     Pasan los días, y los chicos quedan, por ejemplo, un jueves para cenar. Esta es la primera cita. No hay alcohol en sangre ni desinhibición por otra sustancia, así que ahora están solos. Sin ayuda. 

     En casa, el chico tímido abre su armario: ''¿¡qué me pongo!?''. Tras 30 minutos, y 4 cambios de modelito después, consigue verse bien. Se peina, se echa colonia, se lava los dientes, coge dinero y se va. Esperando al bus, se imagina la situación, y le sale otra vez esa sonrisita inexplicable. Tras llegar a su destino, descubre que el chico no está: ''Llega tarde...¿me habrá dado plantón?...''. 10, 15, 20 minutos...''¡Ah! ¡Ahí está!''; 80, 100, 120 latidos por minuto. Nervios a flor de piel (pero no esos nervios que tienes antes de un examen, por ejemplo, sino un tipo de nervios que se mezclan con ganas e ilusión; me entendéis, ¿no?)

     Entran en una cafetería, y se piden un café. Tienen una bonita charla - sin alcohol - y empiezan a conocer sus respectivas aficiones. Uno le hace una pregunta al otro, mientras éste tiene en su cabeza: ''Vaya, qué bien viste este chico...qué camisa más bonita, ¡y mira qué ojos!''. Jajaja, luego se da cuenta de que el chico se podría pispar de lo que pasa, y vuelve a centrarse en escuchar a éste, atento e interesado. Tras el café, van a cenar. ''¿Qué te apetece?''. Al final, se meten en un Vips. Típico, sí, pero, ¿qué mas da?, están disfrutando de la compañía. 

     Tras la cena, hubo una larga sobremesa, en la que estuvieron hablando sin parar, sobre todo en general y sobre nada en concreto. El tiempo volaba. Salieron del restaurante y dieron un paseo antes de ir a casa - es jueves, mañana hay clase. Charlaron un rato más, y llegó la hora de despedirse. El chico menos tímido, por primera vez, se puso rojo. Se acercó cada vez más, y más...y le dio un beso al otro. El otro perdió por un instante la noción del tiempo y del espacio, y al reaccionar solo pudo comprobar el temblar de piernas que estaba experimentando: ¡Wow! 
  
     El chico, de camino a casa, en el bus, no pudo dejar de pensar en lo que había pasado. En lo agradable qué había sido la tarde, el café, la cena, el paseo, el beso...(Dicen que el primer beso es el más importante de todos). Llegó a casa, se lavó los dientes, se puso el pijama y se metió en la cama - mañana toca madrugar -, con una sonrisa de oreja a oreja. 

     El resto de la historia queda en vuestras manos, queridos lectores. Podéis ponerle un final feliz, un final horrible, o no ponerle un final, y que dure toda la vida. En cualquier caso, la noche que han pasado, será algo que no olvidarán jamás. Pase lo que pase. 

jueves, 19 de enero de 2012

Sergio

     Recuerdo perfectamente mi primer día en el colegio. Yo tenía 5 años y estaba muy nervioso. Sin embargo...fui un ''niño bueno'' y no lloré cuando mi padre me despidió en la puerta.

     La puerta del patio de mi colegio era negra como el carbón y, por entonces, las paredes eran naranjas. Lo cierto es que era y es un colegio de lo más cutre.

    Bueno, el caso es que entré, con mi mochila azul y mi abrigo, también azul. Iba contento en realidad, era algo nuevo y siempre fui un niño muy curioso xD. Al final subí un piso y llegué a mi clase: Preescolar. Al parecer los de mi clase ya habían cursado Kinder 1 y Kinder 2, cursos que yo había hecho en una encantadora guardería llamada ''Mi Segunda Casa'', de la que guardo pocos, aunque excelentes recuerdos.

    Nada más entrar en clase descubrí algo extraño: todos estaban hablando en inglés y yo estaba más perdido que un caracol en la playa, pero eso es lo de menos. Recuerdo que se me acercaron tres personas a hablar: mi actual buen amigo Edu (por respeto a la intimidad, no pondré apellidos), una chica cuyo nombre no recuerdo, y que acabó cambiándose de colegio, y Sergio.

     Sergio era un chico moreno, no muy alto y con la tez pálida. Tenía el pelo liso y algunas pecas. Era muy tímido, callado, introvertido...No era el más listo de la clase, pero se defendía bien. (Me sorprendo a mí mismo de la cantidad de recuerdos que salen según estoy escribiendo). En el recreo solía jugar al fútbol, como hacían casi todos, y en clase se sentaba conmigo y me hablaba de muchas cosas y de nada en concreto.

    Después de las clases yo me tenía que montar en la famosa Ruta del colegio xD. La que cuidaba mi autobús por aquellos años se llamaba Angelines, que casualmente era la madre de Sergio. (Me acaba de caer una lágrima al escribir su nombre). Era una mujer encantadora, de esas que en el comedor te hubieran dado, si de ella dependiera, toda la comida del colegio para repetir, y aún más. Si te dolía algo siempre te sonreía y te daba la famosa ''manzanilla milagrosa'' del colegio, utilizada como fármaco de elección en dolores de cabeza, dolores de barriga, dolores musculares, brechas, fracturas...xD.

   En la ruta casi nunca se enfadaba, ni siquiera cuando te levantabas de la silla y el autobús iba deprisa. Era - y es - una mujer guapísima, también de tez pálida, rubia y con la típica cara inocente que te da confianza y te obliga a sonreír sin motivo alguno.

   Así transcurrieron mis primeros años de colegio, entre mil recuerdos que no pondré simplemente por no aburriros demasiado.

   Llegó Tercero de Primaria. No me gustaba la profesora que tenía en las clases de español y la de las clases de inglés tenía el don de hacer que el tiempo se detuviera y sus clases se eternizaran. La profesora de español siempre quiso fomentar que la enseñanza se debe hacer a base de gritos y humillación: ''¡sal a la pizarra! ¿Es que no te lo sabes? Mirad, clase, no se lo sabe! JAJAJA''. A medida que nos fuimos haciendo mayores, vimos que en el fondo la fuerza se le iba por la boca y, según tengo entendido, el tiempo se ha encargado de ponerla en su sitio. Al principio de curso estuve sentado con Sergio.

   Un día, tan corriente y rutinario como otro cualquiera, apareció la profesora con la cara desencaja. Todos nos miramos sorprendidos, esperando a ver qué había pasado. Entonces, sin que pudiera ella pronunciar palabra....se echó a llorar. Fue entonces cuando me percaté de que Sergio no había venido a clase ese día.

   Cuando se calmó, nos contó lo que había pasado. En resumen, porque no me sale detallar, un brutal accidente de coche, con unas vueltas de campana, acabó con la vida de Sergio. El mundo se paró por un momento. Nadie daba crédito, nadie se lo creía. Yo, personalmente, pensaba que era mentira, y que Sergio aparecería por la puerta a la siguiente clase, pero no fue así. Toda la clase rompió a llorar. A mí me costó mucho, porque primero tenía que asimilarlo. Me dediqué a pensar en lo último que le había dicho, y que me había dicho; en el último bocadillo que compartió conmigo, o en el último chiste que me contó pero, sobre todo, tenía que pensar que no le volvería a ver más. Ninguno lo haríamos. Una vez asimilado esto, lloré dos ríos (al fin y al cabo, eramos unos niños).

     Aquella fue la semana más dura de mis años allí. Al tener a la muerte cerca, creo que todos crecimos un poco. No nos quedó otra.

     Por supuesto, asistimos a su funeral. Vi por primera vez a su padre, que era su viva imagen, y vi a Angelines rota por fuera y, como es normal, también por dentro. Era la primera vez que veía tanto sufrimiento en una persona. Se acercó a mí y me dio un abrazo, un beso y las gracias (otra lágrima para mis lectores, y vienen dos más). Después rompió a llorar y no me pudo decir nada más.

    Pasó mucho tiempo hasta que Angelines volvió al colegio y, desde luego, nunca volvió a ser la misma. Aunque seguía siendo, en esencia, la misma mujer encantadora de antes.

    Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero hay momentos en los que le he recordado y le recuerdo. Cuando los de mi clase celebraron la Primera Comunión, en las obras de teatro que hacíamos en Navidad, en nuestra despedida en 4ºESO (Senior 4)...Siempre me preguntaba a qué colegio hubiera ido después, o qué carrera habría hecho. Evidentemente esas preguntas van al aire y se quedan en el aire.
   
    Esto es algo en lo que pienso a menudo y sobre lo que me apetecía escribir. Creo que es algo que nos hizo abrir los ojos a todos los que lo vivimos. Por tanto, este blog va dedicado a él, a su memoria, y a Angelines, su fuerte madre.

    Un beso a todos. 


jueves, 5 de enero de 2012

El Desapego Afectivo.

  Vaya tema para una primera publicación, ¿verdad? Algunos pensaréis que debería haber hablado de lo contento que estoy de haber creado un blog, o de la originalidad de su nombre o bla bla bla, pero este tema es algo de lo que me apetecía escribir desde hace mucho y, a falta de un diario...
  
  El desapego, entre muchos otros significados que ofrece la Real Academia Española, implica un alejamiento, una falta de cariño hacia una persona a la que previamente quisimos o nos quiso mucho (en cualquiera de los sentidos). 
 
  Hace unos días, recibí el típico mensaje difundido por la BlackBerry que, si bien a lo mejor lo escribieron sin pensar en su contenido, creo que tiene mucho que ver con este tema del que hoy trato. 
  Así, pues, el mensaje dice así: ''La vida es como un viaje en autobús, algunos comienzan el viaje junto a ti, otros se montan a mitad de camino, muchos se bajan antes de que llegues al final y muy pocos permanecen junto a ti hasta el final. Pero cada una de esas personas deja algo en tu corazón que recordarás a lo largo de ese hermoso viaje. Baja las ventanas y disfruta del viaje, no sabes cuando llegarás a tu parada...Gracias por haberte montando en algún momento en el bus de mi vida, espero que nunca te bajes y, si lo haces, espero que nunca te olvides de mí.'' 

  El típico mensaje de ''Feliz Año'' que mandaría cualquiera al que le diera pereza personalizar uno para cada persona importante de su vida, ¿no?. Pues el caso es que a mí este mensaje me hizo pensar en el recorrido que ha llevado mi vida en este aspecto. 

  Muchas - porque no me atrevo a decir todas - personas que se subieron conmigo al bus se bajaron hace ya mucho. De vez en cuando nos encontramos, charlamos, recordamos y hasta nos reímos, pero no es lo mismo, ni será lo mismo. 
 Después vinieron aquellos que se montaron, si no a mitad de camino, un poquito antes. Son a día de hoy las personas que más significado tienen en mi vida, las que vivieron en primera persona el gran cambio de mi vida, mi autoaceptación, mis grandes fracasos y muchas de mis victorias. Son personas que me han aconsejado, apoyado y ayudado siempre que lo he necesitado; personas que, en su mera y silenciosa compañía, hacen que lo tenga todo aunque ellos a veces piensen que no hacen nada xD. La mayoría de estas personas - no diré nombres propios en esta publicación, porque creo que se sobreentienden todos - aún siguen sentadas en el bus conmigo, ríendo, llorando, hablando o simplemente viajando. Otras, la minoría, se van quedando atrás. Esto es algo que me da mucha pena y me afecta sobre manera. 

 Acabó esa etapa y empezó otra, totalmente nueva, y con gente nueva. Separarme de los anteriores parecía algo impensable, inconcebible a simple vista, pero al final resulté sentirme muy bien a pesar de los muchos obstáculos y adversidades - de tipo social y de falta de cordura y coherencia - que tuve que pasar. Muchos se piensan que por ser bajito y bueno me voy a hundir al más mínimo e insignificante comentario, pero esos son los que no me conocen y los que, para bien o para mal, también bajaron de ese bus en el que sigo viajando. Los otros, los que tienen respeto por mis malas caras, y los que saben valorar mis mejores sonrisas (sonrisas que, por otro lado, suelen sacarme ellos) siguen conmigo, y espero que sigan conmigo hasta el final. Son pocos pero, a día de hoy, sé que son suficientes. 
 
 Otro fin a una etapa y el principio de una nueva, probablemente la que más cambios ha otorgado a mi corta vida. Al principio muy para mal, muy deprimido, muy solo, muy perdido...Ahora, estoy rodeado de algunas personas que, de un modo u otro, sé que van a ser muy importantes en mi vida. Son formas de ser distintas las que he conocido aquí, distintas a lo que había visto antes: admirables, sinceros, divertidos, responsables...no es que no haya conocido gente así antes, que desde luego que sí, pero no era lo que me esperaba. Esto fue cosa de los famosos rumores, y culpa mía por, a veces, dejarme condicionar por ellos. 
  
  No me debo olvidar, por supuesto, que en ese bus alguna vez se montó el Amor conmigo. Pocas, y a lo mejor no de la forma que yo me imaginaba, pero al fin y al cabo también compartí alguna parada con él.
  
  El mensaje termina dando las gracias. Es cierto: de todos los que se han bajado he aprendido algo útil, y esto es lo que les agradezco a ellos. En la calle se puede aprender de dos formas: por las buenas, o a patadas. Por las buenas mola más, y a patadas es más efectivo aunque, ¡cuidado!, no vaya a ser que te vuelvas irreversiblemente frío, duro y desconfiado. 
  
  A día de hoy viajo con unos pocos a mi lado (bueno, no tan pocos), y he tenido que aprender que la vida es así. Que hay gente que, por A o por B, deja de ser compatible contigo y se tiene que ir por su propio camino. Antes me afectaba mucho, ahora me afecta menos y, en un futuro, espero poder llevarlo aún mejor. 

  A los que seguís conmigo desde hace mucho, y a los recién incorporados, os agradezco la compañía. 
 
  En definitiva, el Desapego Afectivo es algo natural en nuestro mundo - por desgracia - que hay que afrontar con cada gran cambio que damos en nuestras vidas. Es cosa nuestra ir aprendiendo poco a poco a llevarlo con la mayor filosofía posible. A los pocos que leeréis esto, os animo a que lo intentéis si es que tenéis el mismo problema que yo. 

Besos a todos.