jueves, 19 de enero de 2012

Sergio

     Recuerdo perfectamente mi primer día en el colegio. Yo tenía 5 años y estaba muy nervioso. Sin embargo...fui un ''niño bueno'' y no lloré cuando mi padre me despidió en la puerta.

     La puerta del patio de mi colegio era negra como el carbón y, por entonces, las paredes eran naranjas. Lo cierto es que era y es un colegio de lo más cutre.

    Bueno, el caso es que entré, con mi mochila azul y mi abrigo, también azul. Iba contento en realidad, era algo nuevo y siempre fui un niño muy curioso xD. Al final subí un piso y llegué a mi clase: Preescolar. Al parecer los de mi clase ya habían cursado Kinder 1 y Kinder 2, cursos que yo había hecho en una encantadora guardería llamada ''Mi Segunda Casa'', de la que guardo pocos, aunque excelentes recuerdos.

    Nada más entrar en clase descubrí algo extraño: todos estaban hablando en inglés y yo estaba más perdido que un caracol en la playa, pero eso es lo de menos. Recuerdo que se me acercaron tres personas a hablar: mi actual buen amigo Edu (por respeto a la intimidad, no pondré apellidos), una chica cuyo nombre no recuerdo, y que acabó cambiándose de colegio, y Sergio.

     Sergio era un chico moreno, no muy alto y con la tez pálida. Tenía el pelo liso y algunas pecas. Era muy tímido, callado, introvertido...No era el más listo de la clase, pero se defendía bien. (Me sorprendo a mí mismo de la cantidad de recuerdos que salen según estoy escribiendo). En el recreo solía jugar al fútbol, como hacían casi todos, y en clase se sentaba conmigo y me hablaba de muchas cosas y de nada en concreto.

    Después de las clases yo me tenía que montar en la famosa Ruta del colegio xD. La que cuidaba mi autobús por aquellos años se llamaba Angelines, que casualmente era la madre de Sergio. (Me acaba de caer una lágrima al escribir su nombre). Era una mujer encantadora, de esas que en el comedor te hubieran dado, si de ella dependiera, toda la comida del colegio para repetir, y aún más. Si te dolía algo siempre te sonreía y te daba la famosa ''manzanilla milagrosa'' del colegio, utilizada como fármaco de elección en dolores de cabeza, dolores de barriga, dolores musculares, brechas, fracturas...xD.

   En la ruta casi nunca se enfadaba, ni siquiera cuando te levantabas de la silla y el autobús iba deprisa. Era - y es - una mujer guapísima, también de tez pálida, rubia y con la típica cara inocente que te da confianza y te obliga a sonreír sin motivo alguno.

   Así transcurrieron mis primeros años de colegio, entre mil recuerdos que no pondré simplemente por no aburriros demasiado.

   Llegó Tercero de Primaria. No me gustaba la profesora que tenía en las clases de español y la de las clases de inglés tenía el don de hacer que el tiempo se detuviera y sus clases se eternizaran. La profesora de español siempre quiso fomentar que la enseñanza se debe hacer a base de gritos y humillación: ''¡sal a la pizarra! ¿Es que no te lo sabes? Mirad, clase, no se lo sabe! JAJAJA''. A medida que nos fuimos haciendo mayores, vimos que en el fondo la fuerza se le iba por la boca y, según tengo entendido, el tiempo se ha encargado de ponerla en su sitio. Al principio de curso estuve sentado con Sergio.

   Un día, tan corriente y rutinario como otro cualquiera, apareció la profesora con la cara desencaja. Todos nos miramos sorprendidos, esperando a ver qué había pasado. Entonces, sin que pudiera ella pronunciar palabra....se echó a llorar. Fue entonces cuando me percaté de que Sergio no había venido a clase ese día.

   Cuando se calmó, nos contó lo que había pasado. En resumen, porque no me sale detallar, un brutal accidente de coche, con unas vueltas de campana, acabó con la vida de Sergio. El mundo se paró por un momento. Nadie daba crédito, nadie se lo creía. Yo, personalmente, pensaba que era mentira, y que Sergio aparecería por la puerta a la siguiente clase, pero no fue así. Toda la clase rompió a llorar. A mí me costó mucho, porque primero tenía que asimilarlo. Me dediqué a pensar en lo último que le había dicho, y que me había dicho; en el último bocadillo que compartió conmigo, o en el último chiste que me contó pero, sobre todo, tenía que pensar que no le volvería a ver más. Ninguno lo haríamos. Una vez asimilado esto, lloré dos ríos (al fin y al cabo, eramos unos niños).

     Aquella fue la semana más dura de mis años allí. Al tener a la muerte cerca, creo que todos crecimos un poco. No nos quedó otra.

     Por supuesto, asistimos a su funeral. Vi por primera vez a su padre, que era su viva imagen, y vi a Angelines rota por fuera y, como es normal, también por dentro. Era la primera vez que veía tanto sufrimiento en una persona. Se acercó a mí y me dio un abrazo, un beso y las gracias (otra lágrima para mis lectores, y vienen dos más). Después rompió a llorar y no me pudo decir nada más.

    Pasó mucho tiempo hasta que Angelines volvió al colegio y, desde luego, nunca volvió a ser la misma. Aunque seguía siendo, en esencia, la misma mujer encantadora de antes.

    Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero hay momentos en los que le he recordado y le recuerdo. Cuando los de mi clase celebraron la Primera Comunión, en las obras de teatro que hacíamos en Navidad, en nuestra despedida en 4ºESO (Senior 4)...Siempre me preguntaba a qué colegio hubiera ido después, o qué carrera habría hecho. Evidentemente esas preguntas van al aire y se quedan en el aire.
   
    Esto es algo en lo que pienso a menudo y sobre lo que me apetecía escribir. Creo que es algo que nos hizo abrir los ojos a todos los que lo vivimos. Por tanto, este blog va dedicado a él, a su memoria, y a Angelines, su fuerte madre.

    Un beso a todos. 


jueves, 5 de enero de 2012

El Desapego Afectivo.

  Vaya tema para una primera publicación, ¿verdad? Algunos pensaréis que debería haber hablado de lo contento que estoy de haber creado un blog, o de la originalidad de su nombre o bla bla bla, pero este tema es algo de lo que me apetecía escribir desde hace mucho y, a falta de un diario...
  
  El desapego, entre muchos otros significados que ofrece la Real Academia Española, implica un alejamiento, una falta de cariño hacia una persona a la que previamente quisimos o nos quiso mucho (en cualquiera de los sentidos). 
 
  Hace unos días, recibí el típico mensaje difundido por la BlackBerry que, si bien a lo mejor lo escribieron sin pensar en su contenido, creo que tiene mucho que ver con este tema del que hoy trato. 
  Así, pues, el mensaje dice así: ''La vida es como un viaje en autobús, algunos comienzan el viaje junto a ti, otros se montan a mitad de camino, muchos se bajan antes de que llegues al final y muy pocos permanecen junto a ti hasta el final. Pero cada una de esas personas deja algo en tu corazón que recordarás a lo largo de ese hermoso viaje. Baja las ventanas y disfruta del viaje, no sabes cuando llegarás a tu parada...Gracias por haberte montando en algún momento en el bus de mi vida, espero que nunca te bajes y, si lo haces, espero que nunca te olvides de mí.'' 

  El típico mensaje de ''Feliz Año'' que mandaría cualquiera al que le diera pereza personalizar uno para cada persona importante de su vida, ¿no?. Pues el caso es que a mí este mensaje me hizo pensar en el recorrido que ha llevado mi vida en este aspecto. 

  Muchas - porque no me atrevo a decir todas - personas que se subieron conmigo al bus se bajaron hace ya mucho. De vez en cuando nos encontramos, charlamos, recordamos y hasta nos reímos, pero no es lo mismo, ni será lo mismo. 
 Después vinieron aquellos que se montaron, si no a mitad de camino, un poquito antes. Son a día de hoy las personas que más significado tienen en mi vida, las que vivieron en primera persona el gran cambio de mi vida, mi autoaceptación, mis grandes fracasos y muchas de mis victorias. Son personas que me han aconsejado, apoyado y ayudado siempre que lo he necesitado; personas que, en su mera y silenciosa compañía, hacen que lo tenga todo aunque ellos a veces piensen que no hacen nada xD. La mayoría de estas personas - no diré nombres propios en esta publicación, porque creo que se sobreentienden todos - aún siguen sentadas en el bus conmigo, ríendo, llorando, hablando o simplemente viajando. Otras, la minoría, se van quedando atrás. Esto es algo que me da mucha pena y me afecta sobre manera. 

 Acabó esa etapa y empezó otra, totalmente nueva, y con gente nueva. Separarme de los anteriores parecía algo impensable, inconcebible a simple vista, pero al final resulté sentirme muy bien a pesar de los muchos obstáculos y adversidades - de tipo social y de falta de cordura y coherencia - que tuve que pasar. Muchos se piensan que por ser bajito y bueno me voy a hundir al más mínimo e insignificante comentario, pero esos son los que no me conocen y los que, para bien o para mal, también bajaron de ese bus en el que sigo viajando. Los otros, los que tienen respeto por mis malas caras, y los que saben valorar mis mejores sonrisas (sonrisas que, por otro lado, suelen sacarme ellos) siguen conmigo, y espero que sigan conmigo hasta el final. Son pocos pero, a día de hoy, sé que son suficientes. 
 
 Otro fin a una etapa y el principio de una nueva, probablemente la que más cambios ha otorgado a mi corta vida. Al principio muy para mal, muy deprimido, muy solo, muy perdido...Ahora, estoy rodeado de algunas personas que, de un modo u otro, sé que van a ser muy importantes en mi vida. Son formas de ser distintas las que he conocido aquí, distintas a lo que había visto antes: admirables, sinceros, divertidos, responsables...no es que no haya conocido gente así antes, que desde luego que sí, pero no era lo que me esperaba. Esto fue cosa de los famosos rumores, y culpa mía por, a veces, dejarme condicionar por ellos. 
  
  No me debo olvidar, por supuesto, que en ese bus alguna vez se montó el Amor conmigo. Pocas, y a lo mejor no de la forma que yo me imaginaba, pero al fin y al cabo también compartí alguna parada con él.
  
  El mensaje termina dando las gracias. Es cierto: de todos los que se han bajado he aprendido algo útil, y esto es lo que les agradezco a ellos. En la calle se puede aprender de dos formas: por las buenas, o a patadas. Por las buenas mola más, y a patadas es más efectivo aunque, ¡cuidado!, no vaya a ser que te vuelvas irreversiblemente frío, duro y desconfiado. 
  
  A día de hoy viajo con unos pocos a mi lado (bueno, no tan pocos), y he tenido que aprender que la vida es así. Que hay gente que, por A o por B, deja de ser compatible contigo y se tiene que ir por su propio camino. Antes me afectaba mucho, ahora me afecta menos y, en un futuro, espero poder llevarlo aún mejor. 

  A los que seguís conmigo desde hace mucho, y a los recién incorporados, os agradezco la compañía. 
 
  En definitiva, el Desapego Afectivo es algo natural en nuestro mundo - por desgracia - que hay que afrontar con cada gran cambio que damos en nuestras vidas. Es cosa nuestra ir aprendiendo poco a poco a llevarlo con la mayor filosofía posible. A los pocos que leeréis esto, os animo a que lo intentéis si es que tenéis el mismo problema que yo. 

Besos a todos.