La puerta del patio de mi colegio era negra como el carbón y, por entonces, las paredes eran naranjas. Lo cierto es que era y es un colegio de lo más cutre.
Bueno, el caso es que entré, con mi mochila azul y mi abrigo, también azul. Iba contento en realidad, era algo nuevo y siempre fui un niño muy curioso xD. Al final subí un piso y llegué a mi clase: Preescolar. Al parecer los de mi clase ya habían cursado Kinder 1 y Kinder 2, cursos que yo había hecho en una encantadora guardería llamada ''Mi Segunda Casa'', de la que guardo pocos, aunque excelentes recuerdos.
Nada más entrar en clase descubrí algo extraño: todos estaban hablando en inglés y yo estaba más perdido que un caracol en la playa, pero eso es lo de menos. Recuerdo que se me acercaron tres personas a hablar: mi actual buen amigo Edu (por respeto a la intimidad, no pondré apellidos), una chica cuyo nombre no recuerdo, y que acabó cambiándose de colegio, y Sergio.
Sergio era un chico moreno, no muy alto y con la tez pálida. Tenía el pelo liso y algunas pecas. Era muy tímido, callado, introvertido...No era el más listo de la clase, pero se defendía bien. (Me sorprendo a mí mismo de la cantidad de recuerdos que salen según estoy escribiendo). En el recreo solía jugar al fútbol, como hacían casi todos, y en clase se sentaba conmigo y me hablaba de muchas cosas y de nada en concreto.
Después de las clases yo me tenía que montar en la famosa Ruta del colegio xD. La que cuidaba mi autobús por aquellos años se llamaba Angelines, que casualmente era la madre de Sergio. (Me acaba de caer una lágrima al escribir su nombre). Era una mujer encantadora, de esas que en el comedor te hubieran dado, si de ella dependiera, toda la comida del colegio para repetir, y aún más. Si te dolía algo siempre te sonreía y te daba la famosa ''manzanilla milagrosa'' del colegio, utilizada como fármaco de elección en dolores de cabeza, dolores de barriga, dolores musculares, brechas, fracturas...xD.
En la ruta casi nunca se enfadaba, ni siquiera cuando te levantabas de la silla y el autobús iba deprisa. Era - y es - una mujer guapísima, también de tez pálida, rubia y con la típica cara inocente que te da confianza y te obliga a sonreír sin motivo alguno.
Así transcurrieron mis primeros años de colegio, entre mil recuerdos que no pondré simplemente por no aburriros demasiado.
Llegó Tercero de Primaria. No me gustaba la profesora que tenía en las clases de español y la de las clases de inglés tenía el don de hacer que el tiempo se detuviera y sus clases se eternizaran. La profesora de español siempre quiso fomentar que la enseñanza se debe hacer a base de gritos y humillación: ''¡sal a la pizarra! ¿Es que no te lo sabes? Mirad, clase, no se lo sabe! JAJAJA''. A medida que nos fuimos haciendo mayores, vimos que en el fondo la fuerza se le iba por la boca y, según tengo entendido, el tiempo se ha encargado de ponerla en su sitio. Al principio de curso estuve sentado con Sergio.
Un día, tan corriente y rutinario como otro cualquiera, apareció la profesora con la cara desencaja. Todos nos miramos sorprendidos, esperando a ver qué había pasado. Entonces, sin que pudiera ella pronunciar palabra....se echó a llorar. Fue entonces cuando me percaté de que Sergio no había venido a clase ese día.
Cuando se calmó, nos contó lo que había pasado. En resumen, porque no me sale detallar, un brutal accidente de coche, con unas vueltas de campana, acabó con la vida de Sergio. El mundo se paró por un momento. Nadie daba crédito, nadie se lo creía. Yo, personalmente, pensaba que era mentira, y que Sergio aparecería por la puerta a la siguiente clase, pero no fue así. Toda la clase rompió a llorar. A mí me costó mucho, porque primero tenía que asimilarlo. Me dediqué a pensar en lo último que le había dicho, y que me había dicho; en el último bocadillo que compartió conmigo, o en el último chiste que me contó pero, sobre todo, tenía que pensar que no le volvería a ver más. Ninguno lo haríamos. Una vez asimilado esto, lloré dos ríos (al fin y al cabo, eramos unos niños).
Aquella fue la semana más dura de mis años allí. Al tener a la muerte cerca, creo que todos crecimos un poco. No nos quedó otra.
Por supuesto, asistimos a su funeral. Vi por primera vez a su padre, que era su viva imagen, y vi a Angelines rota por fuera y, como es normal, también por dentro. Era la primera vez que veía tanto sufrimiento en una persona. Se acercó a mí y me dio un abrazo, un beso y las gracias (otra lágrima para mis lectores, y vienen dos más). Después rompió a llorar y no me pudo decir nada más.
Pasó mucho tiempo hasta que Angelines volvió al colegio y, desde luego, nunca volvió a ser la misma. Aunque seguía siendo, en esencia, la misma mujer encantadora de antes.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero hay momentos en los que le he recordado y le recuerdo. Cuando los de mi clase celebraron la Primera Comunión, en las obras de teatro que hacíamos en Navidad, en nuestra despedida en 4ºESO (Senior 4)...Siempre me preguntaba a qué colegio hubiera ido después, o qué carrera habría hecho. Evidentemente esas preguntas van al aire y se quedan en el aire.
Esto es algo en lo que pienso a menudo y sobre lo que me apetecía escribir. Creo que es algo que nos hizo abrir los ojos a todos los que lo vivimos. Por tanto, este blog va dedicado a él, a su memoria, y a Angelines, su fuerte madre.
Esto es algo en lo que pienso a menudo y sobre lo que me apetecía escribir. Creo que es algo que nos hizo abrir los ojos a todos los que lo vivimos. Por tanto, este blog va dedicado a él, a su memoria, y a Angelines, su fuerte madre.
Un beso a todos.
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