Una de las grandes diferencias entre los animales y nosotros - muchos, seres humanos - es la capacidad que tenemos para imaginar. Es un don que tenemos y que explotamos día a día, de distinta forma según la edad en la que nos encontremos.
Cuando uno es niño, se imagina a sí mismo de mayor - normalmente de bombero para los niños, y de veterinario para las niñas, según algunas encuestas. Es en esta etapa cuando usamos la imaginación de la forma más sana y entretenida de todas. Nos imaginamos mundos nuevos, viajes apasionantes, juegos sin lógica aparente; nos convertimos en magos, policías, princesas, médicos, deportistas, personajes animados...Lo podemos hacer todo, y lo hacemos todo. Solo con imaginárnoslo. ¿A quién le importa la realidad? A mí no, soy un niño.
Adolescencia y etapa adulta. Esto es otra cosa. Aquí es cuando acontecen, sin duda, los cambios físicos, hormonales y psicológicos más importantes en la vida de un individuo. Es aquí cuando se determinará la clase de persona que seremos. Por supuesto, los matices van apareciendo con el tiempo, pero lo fundamental ocurre principalmente aquí. Bien, ¿qué ocurre con la imaginación entonces? Que le damos un giro de 180º.
Ahora la imaginación hace las veces de amigo y de peor enemigo (y muy pocas de íntimo amigo). Ahora somos conscientes y partícipes de una realidad en la que nos vemos obligados a vivir. Ahora la realidad importa. ''Vaya, qué mierda''. Ahora imaginamos las cosas y, justo después, sus consecuencias. La impulsividad desaparece. La magia desaparece. La espontaneidad desaparece. Ahora es el cerebro el que habla y el corazón el que tiene la mordaza. Ahora no son los ojos los que miran, sino la razón la que nos obliga a ver. Nos forzamos - a veces - a no imaginar, a no permitirnos en lujo de salir, aunque sea por un instante, de la realidad. Esto duele, pero tendemos a ''imaginar'' que es lo mejor a corto, medio y largo plazo.
No todo es malo, por supuesto. La imaginación también nos enseña y nos ilustra. Nos hace entender situaciones y nos hace ver lo bueno y malo de cada cosa. Nos hace reír y nos hace sentir otras cosas verdaderamente bonitas. Nos muestra lo que queremos ver (y a quien queremos ver) aunque no lo tengamos delante. A algunos - a mí, por ejemplo - a veces nos da hasta conversación (de esto que dices: ''estoy pensando en alto'').
''En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento''
Albert Einstein (1879-1955)
''El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo''
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
Un beso a todos.
