domingo, 15 de septiembre de 2013

El de la Pascua y las Reflexiones Aleatorias.

   

     Para aquellos que no lo sepan, el Yom Kippur (o día de Kippur) es el día más importante dentro del calendario judío. Es un día de meditación, en el que se pide perdón de corazón por todos los errores que hayas podido cometer a lo largo del año. 

     Es un día mundialmente conocido, en el cual empresas, hospitales y otros oficios están obligados a conceder el día libre al practicante, sin descontar de vacaciones ni sueldo. Todo judío que quiera celebrarlo tiene derecho a ello. 

     Pero, no puedo evitar preguntarme....¿perdón? ¿perdón por qué? 

    Desde pequeños, cuando teníamos que ir a lo que vosotros llamaríais Catequesis, nos enseñaron muy a fondo el significado de las palabras pecado, castigo, e intolerancia. 

     ¿Comer cerdo? ¿Comer marisco? ¿Comer carne y pollo que no estén cortados por un rabino? ¿Comer aves? ¿Comer conejo? ¿Pronunciar el nombre de Dios sin una Kipá puesta? ¿Ir a un colegio que no sea el de judíos? ¿No defender a Israel en estos conflictos? ¿No llorar cada vez que sale una noticia en relación a la guerra? ¿No vivir intensamente todas las pascuas del año? 

¡ESO ES PECADO!

      Y como tal, Dios te va a castigar. 

       Como os decía, antes de perder los estribos, el Yom Kippur es un día en el que uno se disculpa sinceramente, arrepintiéndose de todos los actos cometidos en el año anterior. Durante un total de 27 horas no se puede: comer, beber, fumar, escribir, manejar objetos electrónicos, llevar zapatos de cuero, asearse, ducharse...nada. Solo se puede rezar, ni siquiera está bien visto leer un libro que no trate sobre algo relacionado con la religión. 

        Y yo me pregunto.....Cuando cometemos un error, ¿no vamos a la persona o personas en concreto y nos disculpamos? ¿Acaso se ha de pedir perdón por ingerir alimentos? ¿Por no tener fe? 

        Así debería ser. Deberíamos disculparnos al instante de cada cosa que, en nuestra imperfecta opinión, esté mal. 

         Pero el ser humano es así: escogemos un día al azar, lo idolatramos, y ya pensamos que estamos libres para volver a empezar de cero. Pensamos que, con un día, algo va a cambiar dentro de nosotros. No. No cambia nada. Al día siguiente, el que medite pensando que así lo va a solucionar todo, se levantará igual de vacío que el día anterior. Lo que no sabemos es que tenemos que llenarnos gota a gota, día a día, y que no podemos llenarlo todo de golpe, en un día al azar, porque corremos el riesgo de que desborde y todo lo posterior salga al revés. 



        Así que, sí, yo pregunto....¿perdón? ¿perdón por qué?

jueves, 1 de agosto de 2013

Balanza Mental

     Desde pequeños nos recomiendan llevar una vida sana, equilibrada. 

     5 piezas de fruta y verdura, ejercicio, nada de tabaco, consumo de alcohol mínimo, vigilar la cantidad de sal, de grasas, de azúcares. 

  Todo para llegar a un equilibrio físico, mantener nuestro cuerpo en las mejores condiciones posibles y, así, poder disfrutar de una vida más larga y de mayor calidad. 

   Sin embargo, la mente humana - esa gran desconocida - es algo más compleja. Los psiquiatras también recomiendan una vida equilibrada. Reducir los niveles de estrés, afrontar las situaciones con la mayor calma posible e interpretar los malos acontecimientos,  no como verdaderas 'putadas', sino como importantes experiencias de las que aprender día a día,...

    Pero, yo me pregunto: ¿es esto así, realmente? La verdad es que en temas de mente, no me atrevería a afirmar nada al 100%. Yo creo que debe haber una Inestabilidad Estable. Me explico: 




     Si nos fijamos en el dibujo, vemos una balanza. Cuando ambas partes se encuentran a la misma altura, decimos que hemos llegado al equilibrio. El siempre buscado equilibrio. Pero la mente humana es más compleja, plantea más variables y el mismo equilibrio es el que despierta las dudas e inestabilidades. 

     Por ejemplo, si planteamos a nuestra mente una cuestión: '¿Me Quiere?'.  

       ....

     ............¡BUM! Comienza una serie de circuitos neuronales que activan todas y cada una de las áreas cerebrales, proyectando imágenes, frases, acciones....Es decir, el cerebro empieza a darnos (en  base a los recuerdos) una serie de argumentos a favor y en contra de la pregunta. Ahora tendríamos una balanza en continuo movimiento, a veces a favor del 'sí', a veces a favor del 'no'. ¿Qué pasa cuando la balanza llega a una situación de equilibrio? ¿Es esta una situación equilibrada para nosotros? 

     Por supuesto que no. Cuando la balanza está en equilibrio solo existe la incertidumbre, la ansiedad, el dolor. Los hormigueos en manos y pies, la sensación de agitación, el instinto de huida, la sudoración, la falta de aire, la parálisis....el miedo. Es cierto que una balanza en favor de alguno de los argumentos (sea cual sea) también despertaría sus propias dudas y sus propios miedos, pero al menos partimos de una idea arraigada. Una idea fija, firme, que no da lugar a dudas. 

      Porque no: no es lo mismo el miedo a la duda que el miedo a la negación, o a la afirmación. La duda es mortalmente desgarrante. 

        Por ello, recapitulo que lo mejor para un mejor bienestar mental, es una Estable Inestabilidad.....con cierto nivel de duda....



    

lunes, 1 de julio de 2013

Es esa sensación

   Sin duda, a todos nos ha pasado. 

  Nos ha pasado que lo tenemos todo: tenemos comida, ropa, techo, padres con trabajo, dinero para los estudios, para cervezas, comidas, cenas.

    Tenemos para fiestas, vacaciones, libros, juegos. 

    Lo tenemos todo y, aún así, hay días en los que tenemos esa sensación. Es esa sensación de...





   Exacto. Desconexión. Esa apatía absoluta. Como quien anda hacia un muro. Como un puzzle al que le falta una pieza. 

    Hay días en los que salir de la cama es un error, y lo sabes. Hay días en los que, aún en buena compañía, deseas el silencio que solo ofrece la soledad, la intimidad, la sensación del 'yo'.

    Hay días en los que te sientes tan desconectado - tan vacío - que nuestro propio cuerpo busca, irónicamente, el aislamiento. 

    Podéis decir lo que queráis pero, sin duda, a todos nos ha pasado. 



jueves, 25 de abril de 2013

Elena

A Elena le encanta la piña. Para ella supone un éxtasis culinario. Esa textura, esa frescura, ese sabor...esos recuerdos. Porque sí, a Elena la piña le recuerda a un día de invierno cualquiera, lluvioso, de febrero. 

Efectivamente, febrero es un mes perfecto para las piñas pero, además, febrero es el mes donde tuvo lugar la historia de Elena. 

Por aquel entonces, en ese año de dudosas expectativas y ardientes inseguridades, Elena tenía a alguien. Un chico. Ni alto, ni guapo, ni nada. Un chico normal (o eso creía ella...). Pasaron los meses - dos - y Elena decidió darle una sorpresa. 

Dios, no os podéis imaginar lo ilusionada que estaba Elena mirando en esa pantalla luminosa los horarios de los trenes que debía coger. 'Hay uno a las 4 y otro a las 7, ¡debo ponerme guapa para él!' - decía. 

Como hemos comentado ya, el chico no tenía nada del otro mundo. Un tirillas cualquiera, que distaba mucho de la amabilidad y la simpatía, pero claro...para Elena era algo especial. Elena era muy inocente, pero claro, ¡qué se puede esperar de una chica de 17 años! 

Y así Elena se vistió y se despidió de su madre. 'Mamá, ¡me voy!'. A su madre no le gustaba ese chico, llamado Jorge. 'Hija, ¿estás segura de lo que vas a hacer? Te veo con muchas expectativas y, por lo que me has contado del chico, no sé...'. A Elena, por supuesto, le salían los comentarios por sus oídos tan pronto como le entraban. Salió de su casa, ilusionada, con una sonrisa de oreja a oreja, y cogió el ascensor. 

Llegó a la estación y cogió el primer tren. '¡Qué nervios!' - pensaba ella. Vio cómo se alejaba y alejaba, hasta llegar a una segunda estación, donde debía coger un segundo tren para llegar a su destino final. Destino que, por otro lado, juraría más adelante no volver a pisar. Nunca. 

Durante el trayecto - en el segundo tren - Elena sintió algo raro. No eran nervios, pero tampoco era emoción. No era tristeza, pero tampoco era alegría. Lo que Elena sintió fue el primero de sus muchos ataques de pánico. 'Dios...¿qué estoy haciendo...?'. Y es que Elena recordó la última conversación que tuvo con Jorge. '¡Jorge! Voy a ir a verte mañana después de comer, ¿te apetece?' -a lo que él respondió- 'Béh, haz lo que quieras...'. Daba igual. Elena iba a llegar hasta el final, ¡tenía que hacerlo!, aunque ella aún no sabía a qué precio. 

Al bajar del tren, nadie esperaba: 'Jorge, ¿dónde estás?'... A Jorge se le había olvidado que Elena le iba a visitar esa tarde, y le indicó los pasos que debía dar para llegar a su edificio. Era lo que, actualmente, conocemos como 'zona chunga', poco segura, con gente rara, un ambiente...en fin, poco acogedor. Además, Elena llevaba como 5 noches sin dormir debido a los estudios, que le tenían extremadamente agobiada. 

'¡Hola Jorge!'. Elena había llegado. Llevaban semanas sin verse, por A o por B, aunque casi siempre por B, y estaba muy ilusionada. Él, por el contrario, mostraba una actitud pasiva, indiferente, casi siniestra. Él le dijo que vivía en la 6ª planta, pero detuvo el ascensor en la primera. '¿Es que no vamos a tu casa?' - dijo ella. 'No. Está mi madre, y no podemos....'. Elena sintió deseos de salir corriendo al instante, pero claro, él le puso una sonrisita picarona, de esas suyas, poderosas, manipuladoras. Elena no pudo resistir, y bajó del ascensor. 'Jorge, ¿qué haces?...Anda, súbete los pantalones'. No solo los pantalones no subieron, sino que ella fue forzada a bajar. 

Elena pensaba que la cosa acabaría ahí, pero Jorge quería más, y pensó en el sótano de su edificio, siempre vacío y oscuro. 'No quiero ir' -dijo Elena. 'Pues entonces lo nuestro acaba ahora' -respondió Jorge. Elena, con una horrible sensación en el cuerpo, decidió bajar con él. Y efectivamente, volvió a bajar, porque es lo que Jorge quería, solo que esta vez, solo subiría para irse a casa y no volver más. 

Elena hizo cosas que no quería hacer, unas por fuerza psicológica, y otras por fuerza física. La pobre Elena, con una sensación horrible de culpa, suciedad y tristeza, cogió el tren de vuelta y entró en su casa, de donde no salió en 8 días. 

Elena ya no era inocente, ya no tenía ilusiones, no sonreía, no cantaba ni bailaba. Apenas comía, no dormía. Elena solo vomitaba. Vomitaba para sentirse vacía, limpia. 

...

Elena no volvió a probar la piña, nunca más. 

domingo, 31 de marzo de 2013

Lluvia

Ese fenómeno climatológico que consiste en condensación de nubes y precipitación acuosa. 

Lluvia. 

Me paso la vida quejándome de la lluvia pero, si me paro a pensar durante unos minutos, la adoro. 

Sí. Adoro la lluvia. Y es que necesitamos la lluvia. Todos la necesitamos. Personas, animales, plantas, minerales. Todos. 

¿Acaso no está nuestro mundo hecho de agua?

¿Acaso no estamos nosotros hechos de agua?

A veces necesitamos salir del paraguas. Sentir el agua en nuestra piel, en nuestro pelo. 

A veces, y solo a veces, necesitamos eso. 

...

Una gota de humanidad. 

Un jarrón de serenidad.

Una brisa de realidad.

Y un instante de coherencia. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Cerezas



¿Que por qué son mi fruta favorita? 

No hay más que mirarlas. Son rojas. Pero no ese rojo pasión, sino un rojo real. Algo más apagado, más parecido a la sangre humana. Un rojo más real. 

¿Las ves? La mayoría de las veces van en pareja. Y no. No son iguales. Van en pareja y pueden ser de distinto color, forma e incluso sabor. Y no pasa nada. No son iguales y están unidas. Unidas por esa ramita verde. Ramita verde que, por otro lado, les permite tener su espacio, sin necesidad de estar pegadas la una a la otra todo el tiempo. 

Son rojas como la sangre, y respetuosas con la intimidad. 

Además son dulces. Pero no dulces como la miel, ni como el azúcar. No. Son dulces pero sin empalagar. Con un ligero toque ácido, que hace que te entre un escalofrío cuando las comes. Son dulces, pero con un sabor real. Como el mundo y como la vida. 

Las cerezas no fingen ser lo que no son. No pretenden ser bonitas - aunque sean rojas y brillantes - y mucho menos nacieron pensando en gustar a los demás. 

Imagino que eso es lo que las hace tan atractivas. Que son atractivas de forma natural. 

...

¿Que por qué son mi fruta favorita? 

No hay más que mirarlas. 


url.jpg