¿Luces? ¿Qué son las luces? Desde pequeño nos introducen en el cerebro los conceptos de luz y oscuridad. Muchos niños, de hecho, tienen miedo a la oscuridad. Decidme, ¿a cuántos niños conocéis que tengan miedo de la luz? ¿cuántos infantes se ponen a gritar de miedo al ver la luz del Sol?
Pocos. Lo cierto es que pocos. Todos sentimos más miedo de noche que de día. Todos pensamos que de día las cosas irán mejor, que bajo la luz del Sol estamos a salvo. Todos queremos salir del túnel cuanto antes, ¿no? ¿Cuántos de vosotros, de pequeños y no tan pequeños, os habéis encendido una luz para dormir? ¿Cuántos entráis de noche en casa -cuando os quedáis solos- con cuidado? En este mismo supuesto, ¿cuántos prestáis como 100 veces más atención a los pequeños ruidos de tuberías, vecinos, viento...?
Todos asociamos la oscuridad -o ausencia de luz- a la soledad y a la muerte. A la fragilidad, vulnerabilidad, debilidad. Mi pregunta es, ¿por qué?
¿Acaso es mejor estar acompañado de alguien indeseado a estar tranquilo -y sí, solo- en casa de noche?
¿Acaso no hay gente que muere de día? ¡Claro que la hay! ¿Por qué tenemos tanto miedo de la muerte (y de los muertos)? ¿Acaso no son los vivos los que nos dañan, insultan, menosprecian o agreden? ¿Tener miedo de los muertos? Entonces, ¿cómo deberíamos sentirnos ante los vivos?
¿Somos más frágiles o vulnerables de noche? ¿Somos más débiles? ¿En serio? No. No somos nada de eso. Nos lo metieron en la cabeza desde pequeños. La luz es buena y la oscuridad es mala. ¿Por qué? ¿Acaso no podemos disfrutar de ambas? ¿No puede haber un equilibrio entre ambas?
A veces, nos vemos obligados a entrar en un túnel. La vida es así. No siempre hay luz, no siempre hay salvación. No siempre somos fuertes y no siempre estamos bien. Estamos obligados a atravesar túneles y, ¿sabéis? Al salir del túnel no siempre hay luz. A veces has estado un poco más de tiempo, y no hay luz. No. A veces sales y es de noche. ¿Entonces qué? ¿Has fracasado? ¿Has perdido? ¿Has de tener miedo?
No. De ninguna forma. Si es de noche, disfruta de la noche. O no. Es igual. Vívela, no la analices. Vive la oscuridad, intenta disfrutarla, y no la temas. En unas horas, ya será de día.
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