sábado, 12 de mayo de 2012

Un poquito de Nada.

      A juzgar por lo que veo, creo que me debo disculpar por este abandono. Si bien es cierto que hace mucho que no publico una entrada, no significa que no tenga nada de lo que escribir. Otros amigos y compañeros - que comparten ese gusto por escribir - entenderán que en un blog público y abierto, no se puede hablar de lo que uno quiera. O sí que puede, pero no debe. Ya me entendéis. 

      Lo cierto es que han pasado muchas cosas desde la última vez que me pasé por aquí. Para empezar, ese maravilloso viaje por el Mediterráneo, donde pude disfrutar de comida rica, buena compañía y, sobre todo, de la brisa del Mar (me vais a disculpar el atrevimiento ortográfico, pero si algunas personas tienen derecho a tener un nombre con mayúscula, no veo por qué el Mar iba a ser menos). Tras esto, vuelta a la rutina, con sus más, sus menos y sus tonterías. Nada de lo que necesite escribir. 

     A lo que yo venía. 

     Lo que tiene ir en un coche sin radio y sin ruido - en estos días, ni siquiera el viento -, es que te da tiempo a pensar y reflexionar sobre distintos temas. Eso es lo que me pasó a mí el otro día mientras volvía a casa del cine. 

     ¿Qué nos diferencia de los animales? Mi profesor de Neuroanatomía del año pasado, JLV, siempre nos ponía una foto de un rinoceronte al lado de un hombre, y decía: ''como verán, a un rinoceronte jamás se le ocurriría ir en sandalias, y tampoco se le ocurriría ir con las manos en los bolsillos. Pero, sobre todo, comprenderán que sus cerebros son totalmente distintos''. Es cierto. El ser humano tiene el don - ¿don? - de las funciones cerebrales superiores, como son el lenguaje, los sentimientos, o la mezcla de ambos. 

     Si se os ocurre indagar en algo de psicoterapia, veréis que a los psicólogos les encanta mezclar lenguaje y sentimientos a la hora de hacer su terapia. Una herramienta - si no un mecanismo de defensa - que utiliza el hombre es, tristemente, la racionalización de un sentimiento. 

    Sentimos algo y, al instante, le queremos poner un nombre: miedo, amor, tristeza, alegría, remordimiento, vergüenza, soledad...No siempre es tan fácil, y desde luego siempre es causa de conflicto, pero una vez se ha logrado, queremos controlarlo. Muchos lo logran, logran sentir lo que quieran cuando quieran. Logran vencer el miedo y la pena, logran alegrarse por todo y por nada, logran enamorarse y desenamorarse de la noche a la mañana... Muchos son ya verdaderas rocas o, al menos, muchos lo aparentan. 

     Después empecé un debate interno: ¿hacemos lo correcto? ¿Tanto daño nos ha hecho el mundo para que tengamos que buscarle una definición a todo? ¿Tanta ansia de control tenemos? ¿Somos realmente - como muchos dicen - máquinas? ¿Rocas? ¿Hielo? 

     Si tenéis alguna respuesta, o simplemente tenéis algo que decir u opinar al respecto, me encantaría que comentarais, aquí o en privado. 

     ''Lo bonito de pensar con lo valiente de actuar: espontaneidad'' 

   

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