miércoles, 9 de noviembre de 2016

Recuerdos, cambios, avances y evoluciones.

Recuerdo la lluvia.

Era un día lluvioso y frío. Yo llevaba el abrigo de plumas y el jersey verde. Ese jersey que parece de uniforme de colegio. Y unos vaqueros, creo. Pero no he venido a hablar de eso. He venido a hablar de él.

Los últimos recuerdos están clarísimos, pero los primeros son solo imágenes sueltas, imágenes que evocan sensaciones pasadas. Mi primer recuerdo fue allí, donde estábamos todos, donde todos los días íbamos a clase, o a prácticas. Subía las escaleras y allí estaba: carismático, grande, precioso. Subía las escaleras y él hablaba por teléfono. No se con quién ni de qué...solo le miré mientras abría la puerta y entraba a mi rutina de siempre, con algunos amigos y otros muchos conocidos. Entré y pensé: ''guau...''. Algo insignificante que puede pasar cualquier día, en cualquier momento, y no volver a pasar más.

Pasaron un par de meses y estábamos en la facultad. Papeleo, ya sabéis. Que si entregar estos formularios para convalidar esto, que si el rollo de las optativas...lo que sea, no lo recuerdo bien, pero él estaba detrás. Estaba detrás de nosotros y, otra vez, hablando por teléfono. Esta vez oí su voz. Menuda voz tenía. Parecía capaz de conseguir cualquier cosa, era de esas voces que podrías escuchar horas y horas, una voz inteligente, sosegadora, tierna. Pero ya me tocaba y, como la anterior vez, el recuerdo pasó sin más. Ninguna trascendencia.

Y entonces llegó una de esas fiestas en las que todos nos teníamos que disfrazar y bueno, él se acercó de repente. Como si se hubiera teletransportado justo delante de mí. Solo dijo ''hola'', no hizo falta más. Nos besamos, y ahí empezó todo.

Pero yo lo que recuerdo es la lluvia. Era un día lluvioso y frío. Un día nublado, de pura incertidumbre, de un ''no'' más que de un ''sí''. Él tenía un curso de estos de exploración, de alguno de los muchos temas que le fascinaban. Y me llamó. Me llamó y me dijo que fuera a por él, que condujera hasta él y que le llevara lejos.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Él se subió en el coche y, después de abrazarme, me agarró un brazo con sus dos manos, grandes, fuertes y cálidas. Me agarró con tanta fuerza que pensé que me quería hacer daño. Entonces le pregunté: ''¿qué te pasa?'', y él me contestó esas cosas que solo te imaginas gracias a las películas. Me contestó: ''me da miedo que, si te suelto, te vayas a escapar, y esto es todo lo lejos que quiero estar de ti''.

No supe qué decir. ¿Qué puedes decir ante algo así?

Y ahora nos hemos soltado, los dos. Nos hemos soltado y nos hemos alejado 800 km y 4 años. Nos hemos dado las gracias, nos hemos agradecido todo y nos hemos soltado. Y ahora ya no vamos a cursos de exploración, ahora ejercemos. Ahora ya no hablamos a diario, sino que nos preguntamos cordialmente qué es de nuestras vidas de vez en cuando. Ahora ya no nos leemos las mentes, ni nos entendemos. Todo ha cambiado. Todo ha avanzado. Todo ha evolucionado.

¿No es ese el objetivo?

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